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Las vistas
por reclamaciones económicas nimias o por denuncias
que rayan lo absurdo obligan a activar toda la maquinaria
judicial
¿Puede alguien denunciar en
un juzgado que un caballo se comió una de sus
orquídeas? Aunque parezca esperpéntico,
el caso no solo es real sino que incluso llegó
a juicio en Vigo. El desacuerdo entre vendedora y compradora
sobre si se habían pagado los tres euros que
costaba un manojo de grelos fue otro litigio que se
tuvo que dirimir en una sala de vistas. Son ejemplos
de hasta qué punto se ha judicializado la vida
cotidiana. Pero más allá de la anécdota,
algunos juristas alertan de que estos pleitos suponen
un gasto de tiempo y dinero para la Administración.
Los jueces decanos, en una reunión nacional,
concluyeron que un juicio de faltas en Instrucción
o una vista civil por una reclamación económica,
por nimia que sea, puede costar 1.300 euros de media.
MARTA FONTÁN - VIGO Ocurrió en Valencia.
Un ciudadano fue al cine y, cuando las luces ya estaban
apagadas, se acomodó en su butaca para disfrutar
de la película. Con lo que no contaba este hombre
es con que el anterior usuario había derramado
un refresco sobre el asiento. El resultado fue un pantalón
sucio y una factura de 14 euros de la tintorería.
La situación se quedaría en un mero contratiempo
si no fuera porque el perjudicado recurrió a
los tribunales para reclamar esa cantidad al responsable
de la sala, que se negaba a abonársela. Y la
demanda para recuperar esas dos mil de las antiguas
pesetas derivó en la celebración de un
juicio verbal en una sala de Primera Instancia que obligó
a activar toda la maquinaria judicial y que le costó
a la Administración no menos de 1.200 o 1.300
euros. Este caso sobre el que dictó sentencia
un tribunal valenciano no es excepcional. En los juzgados
gallegos, y en concreto en los de Vigo, se ven a diario
pleitos en lo que lo que se dirime contrasta, en opinión
de los juristas, con el alto coste de tiempo y dinero
que se emplea en ellos. Y es que el afán de arreglarlo
todo en una sala de vistas provoca que muchas veces
se pleitee hasta el absurdo: en la ciudad olívica
se han celebrado juicios porque un vecino denunció
a otro por daños en un puñado de pies
de verdura, por el hurto de un pastel de 1,15 euros
o porque un familiar insultó a otro en un momento
puntual de acaloramiento. Son casos reales del ámbito
penal, pero la situación también es extrapolable,
advierten, a otras jurisdicciones como la Social, la
Contencioso-Administrativa o la Civil. La denominada
factura sombra, un documento que se entrega al ciudadano
y que detalla el coste real para la Administración
de ciertos servicios públicos, está muy
implantada por ejemplo para concienciar sobre el gasto
sanitario. Los pacientes reciben notas informativas
sobre cuánto costó la operación
a la que se sometió o la ecografía que
le practicaron. "Lo que deberían es hacer
eso también en Justicia para que la gente sepa
lo que cuesta; hay veces que llegan con denuncias tan
absurdas que desde el minuto cero sabes que vas a trabajar
para nada; pero aunque veas que es un archivo de libro,
hay que recoger textualmente la demanda, incoarla, pasarla
al juez, al fiscal...; movemos kilos de papel inútil",
denuncia una funcionaria de uno de los ocho juzgados
de Instrucción de Vigo.
Pero, ¿cuánto le cuesta a la Justicia
un pleito? El Consejo General del Poder Judicial (CGPJ)
está realizando en la actualidad un exhaustivo
estudio acerca del gasto económico de los procesos
judiciales. A la espera de conocerse los resultados
de este informe, en una reunión nacional de jueces
decanos celebrada recientemente en Vitoria salió
a relucir que el coste medio de un procedimiento de
"menor cuantía", como puede ser un
juicio verbal civil, un procedimiento abreviado en el
ámbito contencioso-administrativo o un juicio
de faltas en Instrucción, se sitúa en
una media de 1.300 euros. "Es necesario concienciar
a los ciudadanos del enorme lastre que significa para
el Estado y para la sociedad misma tramitar asuntos
de escasa entidad que además privan al juez de
un tiempo precioso para otros casos de mayor relevancia",
afirman los magistrados en las conclusiones de estas
jornadas.
Instrucción Los juzgados de
Instrucción son los más afectados por
el empeño de judicializar hasta lo más
banal. Algo que ocurre en unas salas con una gran carga
de trabajo, de lo que dan fe la friolera de 61.082 asuntos
que registraron el pasado año los ocho tribunales
de esta especializad de Vigo y las en torno a 5.000
vistas de faltas celebradas. "El problema es real
y ocupa un importante espacio de tiempo; en el juzgado
dedico dos días a la semana a juicios de faltas
y muchos son de una entidad cuestionable", afirma
Xermán Varela, juez en Pontevedra y portavoz
en Galicia de la asociación Jueces para la Democracia.
Este magistrado, sin embargo, se opone a una de las
conclusiones a la que se llegó en la reunión
de jueces decanos de Vitoria: la propuesta de "una
tasa disuasoria" o "pedagógica"
–quedando a salvo el derecho a la asistencia jurídica
gratuita– para evitar lo que denominaron "reclamaciones
abusivas, reiterativas, innecesarias o banales".
"La tasa es una respuesta simple y discriminatoria;
efectivamente hay que replantear qué comportamientos
merecen una respuesta penal, pero hay otras alternativas
como despenalizar ciertas conductas o establecer sistemas
de mediación previos a la medida penal",
opina tajante este juez de Instrucción pontevedrés.
Los abogados tienen que actuar en muchas ocasiones de
filtro para evitar que algo de escasa entidad obligue
a poner en marcha la maquinaria judicial. Pero a veces
es misión imposible. Por muy altos que sean los
honorarios del letrado. En los juicios de faltas, donde
están a la orden del día por ejemplo los
procesos por insultos, no es necesario llevar abogado.
Pero si alguien quiere pagar ese servicio, en Vigo la
minuta de los profesionales varía entre los 150
y los 600 euros. ¿Un coste demasiado alto para
acusar a alguien de un improperio o defenderse del mismo?
"A veces es más el orgullo y la cabezonería
del cliente de pelear el caso en los tribunales; no
les importa pagar y después recurrir si no les
dan la razón", afirma el abogado vigués
Tomás Santodomingo. Tan frecuentes son los juicios
por insultos e injurias que entre los letrados y los
funcionarios se conocen coloquialmente como los "chamoume".
"Chamoume estúpido, chamoume hijo de p...",
relata con sarcasmo un jurista. La mayoría son
temas triviales. "A veces son de vergüenza;
te da la sensación de que haces el ridículo
en la sala", dice un letrado. No siempre es así,
sin embargo. "Es cierto que muchos casos son una
tomadura de pelo; pero no te puedes cargar este tipo
de juicios o despenalizar sin más la conducta;
hay broncas entre personas que si no se canalizan en
el juzgado pueden desembocar en algo peor, en algo más
grave", sostiene Tomás Santodomingo. De
opinión similar es el juez Xermán Varela.
"Si alguien te llama imbécil una vez es
una cosa; pero si hay una persona que te está
injuriando todos los días entonces es un problema
que está afectando a tu vida cotidiana",
ilustra.
Demandas económicas Los asuntos
considerados de escasa importancia no solo protagonizan
las salas penales. En Primera Instancia, donde se dirimen
las reclamaciones de carácter civil, se pelea
por cantidades "nimias". En un juzgado de
Cangas do Morrazo una compañía aseguradora
forzó un juicio por un desacuerdo de solo 14
euros en la cuantía que debía pagar por
un accidente de circulación que se saldó
con daños en vehículos. Un profesional
del Derecho también recuerda el caso de un empresario
que recurrió a la Justicia para reclamar 3.000
de las antiguas pesetas por unos desperfectos casi imperceptibles
que sufrió su turismo de alta gama en un leve
siniestro de tráfico. "A veces me pregunto
si la reclamación compensa el trabajo que lleva
tramitar el asunto y el coste que el proceso va a tener
para el Estado; pero también es cierto que para
muchos ciudadanos, por escasa que sea la cantidad que
pide, es algo importante; es su dinero y tiene todo
el derecho del mundo a reclamarlo", afirma un trabajador
judicial.
En los juzgados contenciosos o en los de lo Social también
hay litigios de esta índole. "Hay trabajadores
que llegan a juicio para reclamar un solo día
de vacaciones", resume un juez laboral de la ciudad
olívica.
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