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En las
últimas semanas se ha hecho público un
manifiesto que ya ha sido suscrito por más de
mil jueces de este país. Jueces para la Democracia
reconoce la importancia de cualquier iniciativa que
sea apoyada por un número tan elevado de compañeros
y valora positivamente la existencia de un amplio debate
sobre los temas a los que se refiere el citado documento.
Asimismo, compartimos diversas reivindicaciones que
se expresan en el mismo, como el necesario incremento
de la inversión pública en la administración
de justicia, la adaptación de la planta judicial
a la litigiosidad real, la necesaria conciliación
de la vida familiar y profesional o la mejora de nuestras
condiciones económicas y de jubilación.
En todo caso, consideramos oportuno efectuar algunas
precisiones sobre el texto, así como exponer
nuestra perspectiva sobre determinados aspectos del
mismo:
1.- Creemos que se puede generar confusión
sobre el propio título y argumentación
esencial del manifiesto, referente a la independencia
del poder judicial, cuya defensa nos debe unir a todos.
No podemos olvidar que el concepto de independencia
judicial se refiere a la actuación estrictamente
jurisdiccional de jueces y magistrados, pero no a las
decisiones de los órganos de gobierno. Por ello,
trasladar la idea de contaminación partidista
de estos últimos a las resoluciones diarias de
los juzgados y tribunales puede llevar a una grave confusión
a los ciudadanos y hacerles pensar que son las actuaciones
judiciales las que carecen de legitimidad, con la consecuente
pérdida de confianza de la opinión pública.
2.- No podemos olvidar que el Consejo
General del Poder Judicial es un órgano de naturaleza
política, que asume competencias que en numerosos
países democráticos están atribuidas
al poder ejecutivo. El Tribunal Constitucional ha declarado
la constitucionalidad del régimen actual de elección
de los integrantes del CGPJ. Por tanto, tan constitucional
es el sistema actual como el acordado en 1980. El hecho
de que el CGPJ sea un órgano de contenido político
no debe implicar que funcione como un instrumento de
las fuerzas políticas, sino que la institución
y sus integrantes deben actuar con plena autonomía
en su gestión. No obstante, debe recordarse que
la deriva partidista ya se produjo en el modelo inicial,
con elección directa de los jueces, y continuó
en los posteriores en los que se produjo la designación
parlamentaria. Los problemas de utilización partidista
del CGPJ no se deben a la forma de elección,
sino al uso indebido de las atribuciones del organismo.
La configuración de las correlaciones
entre los órganos constitucionales y la delimitación
de los poderes en un Estado de Derecho representa una
cuestión de indiscutible y enorme trascendencia
política. Así pues, puede suponer una
contradicción asumir un discurso de despolitización
y, al mismo tiempo, reclamar importantes cambios en
las principales estructuras políticas estatales.
Desde Jueces para la Democracia no discutimos que los
jueces puedan efectuar valoraciones políticas
en defensa de sus derechos profesionales o sobre cuestiones
de mayor entidad. Pero nos resulta difícil de
entender un planteamiento apolítico que al mismo
tiempo proponga grandes transformaciones políticas.
En otro orden de cosas, hemos de recordar
que Jueces para la Democracia fue la primera asociación
que criticó con firmeza las declaraciones de
la vicepresidenta del gobierno en las que sugería
al CGPJ la sanción que se le debía imponer
a Rafael Tirado. Asimismo, también fuimos la
primera asociación que cuestionó el pacto
entre los dirigentes de los dos principales partidos
políticos para nombrar al actual presidente del
CGPJ, Carlos Dívar.
3.- Desde JpD no podemos compartir
la idea, expresada de forma explícita e implícita
a lo largo del manifiesto, de que se nos haya desposeído
a los jueces de un derecho propio y originario a elegir
doce vocales del CGPJ. Resulta dudoso que la judicatura
esté necesariamente más legitimada que
el parlamento para dicha elección. No parece
nada claro que exista ese derecho. Como señala
nuestro texto constitucional, la soberanía reside
en el pueblo español, del que emanan los poderes
del estado. Por consiguiente, no se puede dudar de la
legitimación parlamentaria para abordar las decisiones
legislativas que le correspondan, sin perjuicio de las
propuestas que se le puedan efectuar desde los distintos
sectores de la carrera judicial y sin que exista ningún
derecho natural inherente a nuestra profesión
en este ámbito.
4.- Además, se detecta en el
texto un nivel de atribución de responsabilidad
exclusiva y excluyente a los actuales gobernantes, poco
acorde con los planteamientos supuestamente apolíticos
del documento. Desde Jueces para la Democracia hemos
formulado numerosas críticas a la gestión
en materia de justicia del gobierno actual, como también
las expresamos ante los anteriores. Y resulta evidente,
por lo que debiera incluirse en cualquier análisis
riguroso, que los problemas de insuficiencia de medios
y de una planta poco ajustada a las necesidades reales
se arrastran desde hace largos años. Esas alusiones
al “actual poder político gobernante”
incluyen una extensión aún más
discutible al atribuirle la responsabilidad en la creación
de los Consejos Autonómicos, los cuales en realidad
se regulan en los distintos Estatutos de Autonomía,
que son a la vez leyes autonómicas y leyes estatales.
La fragmentación institucional puede gustarnos
más o menos, pero se deriva directamente del
modelo autonómico de Estado que se consagra en
nuestro texto constitucional, sin perjuicio de que pensemos
legítimamente que dichos Consejos Autonómicos
deben organizarse de forma que garantice la independencia
judicial.
Por otro lado, desde la perspectiva
de las salas de gobierno como instituciones judiciales
de ámbito autonómico, no podemos compartir
la apreciación que se realiza en el manifiesto
de que las pasadas elecciones constituyeron un éxito
desde el punto de vista democrático. Al contrario,
el modelo actual de carácter mayoritario no respeta
la pluralidad ni la proporcionalidad, características
inherentes a cualquier concepción plenamente
democrática. Y deja fuera de las salas de gobierno
a distintas voces con apoyo suficiente en la carrera
para estar en dichas instituciones, pero que no pueden
acceder a las mismas a causa de las insuficiencias de
dicho sistema. Difícilmente tendremos suficiente
credibilidad para reclamar modificaciones estructurales
relevantes si previamente no criticamos realidades ya
producidas de menor envergadura, pero de contenido esencial
desde un punto de visto democrático.
5.- Cualquier pretensión de
análisis de la situación actual de la
justicia y, en particular, de la independencia judicial,
debe contener algún tipo de reflexión
autocrítica que echamos de menos en el texto
comentado. No es justo ni razonable pensar que nosotros,
los jueces y magistrados de este país, no tenemos
nada que ver en los males que aquejan a la justicia
española. Cualquiera que sea la forma de elección
de los miembros del CGPJ, lo cierto es que desde su
creación ha estado compuesto mayoritariamente
por jueces y magistrados cuyas decisiones u omisiones
son directamente imputables a éstos. En definitiva,
no debemos caer en el maniqueísmo de una concepción
del poder político “malo” por naturaleza
frente al poder judicial “bueno” que trata
a duras penas de garantizar el Estado de Derecho. Creemos
que es un reduccionismo difícilmente asumible
desde un punto de vista intelectual y que responde a
una desconfianza patológica hacia quienes, no
debemos olvidar nunca, son los representantes libremente
elegidos del pueblo español.
6.- En un momento de crisis tan grave
y profunda como la actual no podemos caer en el discurso
del tremendismo y lanzar a la sociedad un mensaje tan
negativo como el que resulta del manifiesto. Debemos
ser responsables y prudentes y no sembrar aún
más desconfianza hacia las instituciones democráticas.
Esto no significa estar callados sino plantear y reivindicar,
desde un punto de vista constructivo e integrador, aquellas
cuestiones que pueden redundar en una mejora del servicio
público de la justicia, que es lo que nos demandan
día a día los ciudadanos a los que servimos.
Tenemos que ser firmes en nuestras reclamaciones pero
siempre desde la responsabilidad que nos demanda nuestra
posición constitucional, por lo que cualquier
denuncia o protesta de la carrera debe hacerse respetando
la legitimidad democrática de los demás
poderes del Estado. La mejora de la justicia nos concierne
a todos y, por ello, todos debemos afrontar el debate
y la reflexión abandonando posiciones maximalistas
y frentistas que no conducen a nada y nos perjudican
a todos.
7.- En todo caso, como se ha señalado
anteriormente, compartimos muchas de las preocupaciones
del referido manifiesto. En el reciente Comité
Permanente de Jueces para la Democracia se acordó
una resolución sobre las últimas reformas
procesales y la nueva oficina judicial en la que, entre
otras consideraciones, se valoró que las actuaciones
estrictamente jurisdiccionales sólo pueden acordarse
por jueces y magistrados. Asimismo, también se
aprobó otra resolución en la que se indicaba
que la dinámica de nombramientos del CGPJ estaba
convirtiéndose en un elemento de descrédito
de la institución y suponía cierto abandono
de los principios de igualdad, mérito y capacidad,
por lo que se reclamaba la aprobación de un reglamento
que garantizara la aplicación de estos criterios.
Respetamos profundamente a los compañeros
que han suscrito el manifiesto, a pesar de nuestras
divergencias con algunos de sus puntos. Desde Jueces
para la Democracia queremos expresar que somos una asociación
con más de 500 integrantes, sin olvidar a los
varios cientos de compañeros no asociados que
puedan simpatizar o compartir muchas de nuestras posiciones.
Por ello, entendemos que nuestros argumentos representan
a una parte importante de la carrera judicial, con vocación
de participar en los debates colectivos que puedan abordarse
en una profesión plural.
Secretariado de Jueces para la Democracia.
22 de febrero de 2010.
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