| Madrid,
13 de mayo de 2002
Estimadas/os compañeras/os:
En estas fechas se cumplen nuestros seis primeros meses
como Vocales del Consejo General del Poder Judicial.
Parece adecuado, transcurrido ya este primer periodo,
ofrecer a quienes nos elegisteis un primer balance de
nuestra actuación.
Vaya por delante que, desde luego, no estamos conformes
con la actual situación que atraviesa el Consejo.
Cuando fuimos elegidos, primero por vosotros y luego
por el Parlamento, llegamos al Consejo con la ilusión
de que se abría un nuevo periodo en el que el
órgano de gobierno de los jueces iba, efectivamente,
a ejercer con plenitud sus funciones. El momento era
particularmente entusiasmante porque el Pacto de Estado
de la Justicia, que tantas expectativas había
levantado, propiciaba que al margen de las naturales
discrepancias políticas se unificasen las líneas
de actuación abordando decididamente los problemas
históricos de la administración de justicia.
Lamentablemente, sabemos, sabéis, que no ha sido
así.
Si bien la primera y gravísima situación
que tuvo que abordar el Consejo, el asesinato de nuestro
compañero Lidón, se trató razonablemente,
desplazándonos de inmediato al País Vasco
donde posteriormente se celebraría un Pleno del
Consejo si contribuyendo con el Gobierno de la Comunidad
Autónoma y el Ministerio de Justicia a establecer
las medidas que, en lo posible, limitasen el efecto
buscado por los terroristas, lo cierto es que este ha
sido uno de los pocos temas en los que el Consejo ha
actuado unánimemente, proyectando una imagen
de gobierno. En lo demás, y aunque honestamente
creemos haber actuado en la idea de cogobernar el Consejo,
no ha sido posible.
La mayoría propuesta por la Asociación
Profesional de la Magistratura y aquellos otros designados
inicialmente a instancia del Partido Popular llegaron
al Consejo con una idea muy diferente. Para ellos se
ponía fin a una travesía del desierto
que, decían, había durado quince años
y su intención era ocupar todas las zonas de
poder que entendían que a lo largo de este periodo
les habían, de alguna manera, "usurpado".
Este espíritu se tradujo en la asignación
de Vocales territoriales y, también, a la hora
de conformar las distintas comisiones legales o reglamentarias,
en las que reclamaron, en todo caso, la mayoría.
Con todo, adoptamos distintos acuerdos tendentes a
asegurar el gobierno de la Institución y a garantizar
el pluralismo en materia de nombramientos.
Los pactos alcanzados no fueron respetados por la mayoría
conservadora que utilizó su mayor número
de votos para propiciar el cese de letrados sin motivo
alguno que lo justificase e incumplir los acuerdos sobre
nombramientos al imponer sus cuatro candidatos para
cubrir las vacantes ocasionadas en el Tribunal Supremo.
Este flagrante incumplimiento determinó que la
minoría nos viésemos obligados a criticar
el discurso en rueda de prensa en la que expresamos
nuestra disconformidad con la forma en la que se estaba
gobernando el Consejo.
Desde entonces se han producido nuevos desencuentros
que han ofrecido a los ciudadanos la imagen de un Consejo
partidista y dividido. Así con motivo del establecimiento
de un sistema de incentivos para la carrera judicial
que se olvidaba de quienes habían realizado su
trabajo al día; o con ocasión de la suspensión
de los integrantes de la Sección Cuarta de la
Audiencia Nacional, a la que nos opusimos pues no queríamos
que se produjese por la mera presentación de
la querella; o con motivo de la adscripción forzosa
de Clemente Auger a la Sala Primera de lo Civil; o con
ocasión de las declaraciones efectuadas por María
Teresa Palacios; o con el rechazo de la terna propuesta
por Extremadura; o con motivo del informe efectuado
sobre el Anteproyecto de la Ley de Partidos Políticos
y, últimamente, con ocasión al reingreso
de Javier Gómez de Liaño en la carrera
judicial. Nuestro desacuerdo queda reflejado en los
votos particulares, que están a vuestra disposición
en la página web de JpD.
En todos estos casos difícilmente podríamos
haber mantenido posturas distintas a las que sostuvimos
pero desde luego se podrían haber propiciado
por la mayoría zonas de encuentro, tal es el
caso de la Ley de Partidos Políticos o el de
los incentivos en la carrera judicial o de la política
de nombramientos y ceses de Letrados.
Nuestra Asociación se mostró desde siempre
partidaria del Pacto de Estado. Apostamos por su cumplimiento
y no dudamos en llegar a acuerdos tan complejos como
el relativo a las retribuciones de los jueces, que podía
suponer para nosotros un evidente coste y que nos ha
tocado defender en solitario. Pero esta voluntad de
pacto y acuerdo, tantas veces demostrada con anterioridad
incluso a la elección del Consejo General del
Poder Judicial, se ha entendido -algún Vocal
de la mayoría conservadora así lo dijo
expresamente- como la argucia de quien perdida la batalla
electoral trata de gobernar por otros caminos.
Con todo, y pese a las sombrías expectativas,
trataremos de conseguir que el Consejo General del Poder
Judicial cumpla con su función de gobernar a
todos los jueces, teniendo en cuenta todas las sensibilidades
que conviven en materia de política judicial,
y prestando, especialmente, atención a las preocupaciones
cotidianas y diarias de los jueces y magistrados, que
desde el Consejo General del Poder Judicial tendemos
frecuentemente a olvidar.
El próximo Congreso de nuestra Asociación
será sin duda un buen marco para discutir y analizar
nuestra gestión y trazar en su caso las estrategias
que entre todos estimemos pertinentes.
Un cordial saludo,
Fernando Salinas Molina
Montserrat Comas D'Argemir i Cendra
Javier Martínez Lázaro
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