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Actualidad en el Consejo General del Poder Judicial

 
     

 

 

Entrevista a Monserrat Comas d'Argemir
El Periodico, por Jordi Corachán
17 de febrero de 2002

En un momento en que la judicatura española vive una situación intensa y polémica, esta barcelonesa, juez y vocal del CGPJ, aborda sin tapujos esta realidad y la interpreta desde su estratégica posición

Por primera vez en la historia, una de las 89 togas del Tribunal Supremo la llevará una mujer.
Hemos de felicitarnos por un hecho que es, en sí mismo, muy positivo al ser el Supremo el único órgano judicial donde hasta la fecha no había presencia de mujeres. Esto constituía un anacronismo sin justificación alguna.

Es histórico, ¿e insuficiente?
Sí, aunque la incorporación de la mujer a la carrera judicial es ya un hecho irreversible. En estos momentos, el 40% son mujeres, pese a que fue una profesión prohibida para las féminas en España hasta 1966. La primera mujer que accedió a la toga fue en diciembre de 1977, tras la recuperación de la democracia. De eso hace ya 24 años.

Muchas mujeres, pero aún hay muy pocas mandando.
En los puestos relevantes de la cúpula judicial las mujeres no estamos representadas. En el propio Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) hemos pasado de cinco a dos, de las cuales ninguna ha sido propuesta por la mayoría parlamentaria conservadora. En el Tribunal Supremo, de 89 magistrados hasta ahora ninguna mujer había accedido.

¿Entonces, por qué el nombramiento de Milagros Calvo ha estado marcado por la polémica?
El mismo día que Calvo, miembro de la conservadora Asociación Profesional de la Magistratura, era nombrada, fueron rechazadas tres mujeres, por lo menos con tantos méritos como ella, que el sector progresista propuso para otras tres vacantes del Supremo: Margarita Robles, Soledad Cazorla y Alicia Camacho. El grupo mayoritario conservador ha aplicado el rodillo sin contemplaciones copando las cuatro plazas del Supremo, discriminando por razones ideológicas a todas las demás mujeres que se proponían.

¿El CGPJ ha dado la imagen de estar excesivamente politizado?
Efectivamente, pero los ciudadanos han de saber que el CGPJ no es un tribunal que dicta sentencias. Es un órgano político, porque es el órgano de gobierno de un poder del Estado. La política de consenso es imprescindible para su funcionamiento, al ser en su origen un órgano plural, al estar elegido en las cámaras que representan la soberanía popular y, en consecuencia, las distintas sensibilidades e ideologías que hay en la sociedad. La andadura de este Consejo se inició, además, en el contexto político del pacto de Estado para la justicia, firmado por el PP y el PSOE y apoyado por el resto de grupos, basado en la convicción de que sólo desde una actuación unitaria podía abordarse con solvencia la necesaria reforma de la justicia, la gran asignatura pendiente de nuestra democracia. Ninguna credibilidad política tendrá el pacto de Estado si el órgano de gobierno del Poder Judicial no visualiza en su interior el necesario consenso en su actuación, funcionamiento y organización.

¿Es el CGPJ un órgano de defensa de los jueces?
En la percepción de los ciudadanos puede parecer que el Consejo sólo se preocupa de temas relacionados con los jueces, porque la mayor parte de nuestras competencias tienen relación con el estatuto del juez: la selección de las personas que han de entrar en la carrera judicial, la Escuela Judicial donde se forman los futuros jueces, la inspección de los juzgados, las sanciones disciplinarias, preservar la independencia judicial, etcétera. Estos asuntos redundan en la sociedad porque el poder judicial no es sólo un poder del Estado, es también un servicio público. Lograr que estos temas se resuelvan pensando en la mejora del servicio interesa también a los ciudadanos.

¿Atienden también las reclamaciones de los ciudadanos sobre posibles abusos de algunos jueces?
Somos competentes para canalizar todas las quejas y reclamaciones que formulan los ciudadanos sobre retrasos en la tramitación de las causas, incumplimientos de horarios, mal trato, o cualquier otro funcionamiento anormal de un órgano judicial. Los ciudadanos pueden hacer llegar sus quejas al Consejo directamente o a través de los decanatos de los juzgados, los presidentes de audiencias o de los tribunales superiores de justicia. Tenemos la obligación de oír y resolver las quejas, que son muchas.

¿Qué balance hace de la implantación del jurado?
Altamente positivo. Del estudio que hizo el anterior Consejo sobre los más de 400 juicios celebrados, se concluye que el funcionamiento es razonablemente satisfactorio.

A su juicio, ¿se equivocan más que los jueces profesionales?
No se producen más errores que en los tribunales profesionales. Y los que se producen son corregidos por la vía del correspondiente recurso. Ya nadie cuestiona la existencia de los tribunales de jurado, que conectan con una tradición democrática europea.

¿Usted es partidaria del jurado puro o del mixto, formado por ciudadanos y jueces?
Yo defiendo el jurado puro, porque la presencia de jueces en las deliberaciones lo único que haría es ahogar la opinión de los ciudadanos legos. Se han de introducir en la ley mejoras únicamente técnicas.

¿Cree que la reforma aprobada afronta las carencias actuales de la justicia? ¿Pudo buscarse un consenso mayor, dada la trascendencia del asunto?
El pacto de Estado sobre la justicia aborda esos temas. Sólo falta darle un importante impulso político. La administración de justicia es la administración que menos se ha modernizado y la que actúa con más precariedad de medios. Se ha de hacer un gran esfuerzo para ampliar la plantilla judicial. Nuestro país es el que tiene la ratio de jueces/habitantes más baja. Se han de mejorar los edificios judiciales, ampliar la cifra de juzgados, mejorar los medios materiales y humanos. Se ha de abordar la reforma de la oficina judicial que funciona todavía con parámetros del siglo pasado, la informatización integral, la reforma de las leyes procesales, la descongestión del Supremo atribuyendo a las salas de lo Civil y Penal de los tribunales superiores los recursos de casación. También se ha de incrementar la dotación presupuestaria. Sólo se destina a la justicia el 1% del gasto público, cuando nuestro entorno europeo se sitúa en el 4%. Si a la justicia se le hubiera destinado la cuarta parte de los recursos materiales y humanos de, por ejemplo, la hacienda pública, otro gallo cantaría. El reto del Consejo es que los ciudadanos recobren la confianza en la Administración de Justicia, logrando que ésta funcione mejor.

¿Qué método utilizaría para evitar la politización del Consejo?
El sistema de elección de los vocales del CGPJ ha sido históricamente un tema controvertido. Una traducción positiva del pacto de Estado ha sido la reforma del sistema en junio del 2001 con la que se cerró con consenso un desencuentro histórico de más de 20 años. El sistema pactado es mixto. Permite que las cámaras sigan teniendo la última palabra, pero eligen entre los nombres propuestos por las asociaciones judiciales.

Sus compañeros de la sala cuarta de la Audiencia Nacional han sido expedientados por dejar en libertad a un presunto narcotraficante, al que le faltó tiempo para huir. ¿Decisiones como ésa hacen perder la fe en la justicia?
Cuando una persona acusada de un grave delito no puede ser juzgada porque se ha fugado es normal que la sociedad desconfíe de sus jueces, porque ello significa que en el curso del proceso algo ha fallado. Sinceramente, creo que en este caso se ha producido un error judicial que merece ser investigado. Independencia judicial y responsabilidad forman un binomio en la Constitución. En estos momentos hay dos líneas de investigación abiertas, la penal por delito de prevaricación y la disciplinaria por desatención. Mientras tanto, se ha de recordar que, al igual que al resto de los ciudadanos, a estos magistrados les ampara la presunción de inocencia. No pueden hacerse juicios paralelos ni linchamientos sociales.

¿Cree adecuada la medida de suspensión de sus funciones acordada por este Consejo?
Considero que este Consejo ha cometido un grave error al acordar en el último pleno la suspensión de estos magistrados de sus funciones jurisdiccionales. Nueve vocales votamos en contra del acuerdo mayoritario. Defendimos el criterio de que sólo puede acordarse la suspensión cuando se produce el procesamiento o el auto de apertura del juicio oral en la causa penal, es decir, cuando se han realizado unas mínimas diligencias de investigación para comprobar si existen indicios de delito. Así se hizo en los casos precedentes, como en el del juez Liaño, Raposo o Manzanares. No había razones para apartarse de estos precedentes. Que se pueda suspender a los jueces antes de cualquier investigación nos deja en el futuro en manos de cualquier querellante, porque las querellas siempre deben ser admitidas a trámite si están bien formuladas.


LEYENDO EL PERIÓDICO CON MONTSERRAT COMAS D'ARGEMIR

  • LA 'LEY SECA'
    El Gobierno ha declarado la guerra al 'botellón' y al consumo público de alcohol.

    "La finalidad de dichas medidas debe ir encaminada a impedir los comportamientos antisociales de algunos jóvenes que privan a sus vecinos de los derechos a la intimidad, al silencio, al descanso y a la limpieza de las calles. Algunos comportamientos violentos que se forman con la marea del botellón y que colisionan con los derechos de los demás merecen incluso una intervención policial".

  • VIOLENCIA DOMÉSTICA
    El maltrato de mujeres y menores es el mayor problema del país, después del terrorismo

    "La violencia en el ámbito familiar, que afecta a menores y fundamentalmente a mujeres, constituye el segundo problema más importante que tiene este país después del terrorismo. Las cifras son espeluznantes. La educación en los valores de la igualdad, la dignidad humana y el respeto a los demás son la única garantía de que en el futuro se superen esas conductas en el seno de la familia"

  • GUERRA DE AFGANISTÁN
    En la base de Guantánamo se están vulnerando garantías procesales y los derechos humanos exigibles para todos.
    "En la prisión de Guantánamo se están vulnerando las garantías procesales y los derechos humanos exigibles para todos. Son personas a las que se imputa un delito de terrorismo a la espera de ser juzgadas. Como cualquier detenido o preso provisional tienen derecho a la presunción de inocencia, a que se les informe de los hechos y delitos de los que se les acusa, a la asistencia jurídica de un abogado y a tener un juicio público con todas las garantías. La grandeza de un estado democrático se mide en estas situaciones".

  • PATRIOTISMO
    El patriotismo constitucional es una expresión retórica.
    "El patriotismo constitucional es una expresión retórica que no comporta la inalterabilidad del texto constitucional. Es tan patriota constitucional, o simplemente es tan constitucionalista, quien defiende el actual redactado de la Constitución como quien defiende su modificación, dentro de los cauces previstos, como quien sustenta interpretaciones del texto vigente diversas. Lo importante es siempre el diálogo dentro del más absoluto respeto a la pluralidad"

 

 
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